Ingels & Thorsen
Diálogo
Varios
El arquitecto danés Bjarke Ingels (1974), y el noruego Kjetil Thorsen (1958), fundadores de los estudios BIG y Snøhetta respectivamente, destacan en Pamplona la importancia del paisaje en el diseño y la arquitectura.
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Representantes de dos de los estudios escandinavos más importantes, Ingels (BIG) y Thorsen (Snøhetta), se reunieron en Pamplona con motivo del IV Congreso Internacional de Arquitectura y Sociedad, celebrado bajo el lema ‘Cambio de clima’. Aunque sus obras son fácilmente distinguibles y evidentemente diferentes entre sí, su acercamiento a la arquitectura es casi idéntico. Ambos se inspiran en la relación con el paisaje, el que han visto desde niños y que, como a tantos otros autores nórdicos, ha condicionado su obra y su trayectoria. 
Bjarke Ingels: Puede sonar a cliché, sobre todo en el entorno escandinavo, pero a mí me parece muy interesante el hecho de que hagáis un ascenso anual al pico Snøhetta. Nosotros también hacíamos una excursión anual hasta el año pasado, cuando hubo una tormenta de nieve terrible en la que ya habían muerto siete personas, y decidimos quedarnos en el valle. Fue tan impactante que este año ni siquiera hemos organizado un nuevo viaje.
Kjetil Thorsen: Debéis hacerlo. Es como un accidente de coche, tienes que volver a conducir inmediatamente o siempre tendrás miedo a conducir. Para nosotros es importante porque construyes nuevos y, sobre todo, distintos tipos de relaciones con los que te rodean. Además, en este caso, la excursión a la montaña hace que te sientas tan cerca del paisaje, que casi parece una relación sexual…
 

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BI: Últimamente he pensado lo mucho que me aporta la naturaleza. Y no me refiero a ir de vacaciones a un buen hotel y disfrutar mucho del paisaje. Me refiero a desaparecer en ella, cuando todo es tan completamente impredecible, tan indescriptible que es exclusivamente tu responsabilidad disfrutarlo, habitarlo. Es un parque de juegos para adultos gigantesco.
KT: También es un forma de aprender arquitectura. Esquiar, por ejemplo, es la mejor manera de describir la sección de un paisaje, a través de la altura y la velocidad. Dibujas las líneas de contorno continuamente, y acabas percibiendo la abstracción del paisaje. Y a la inversa escalando, con su paciencia y lentitud. Cuando escalas y te ves colgado de una inmensa pared, tan despacio, tienes la sensación de estar lejos de todo, pero al mismo tiempo sientes que no puedes estar más cerca del propio muro. 
BI: Recuerdo un viaje increíble en el que estábamos ascendiendo un sendero, la altura total eran unos 1.800 metros, y llovía sin parar, lluvia incesante durante toda la semana. Todo estaba mojado y resbalaba, por lo que subir fue complicadísimo. Era maravilloso estar a esa altura entre las nubes y que de repente se abriesen y dejasen paso a una impresionante vista y un segundo después, otra vez la nada. Rápido, muy rápido. El problema fue luego al bajar. Resbalaba tanto que teníamos que tumbarnos boca abajo (en la espalda llevábamos la mochila) y dejarnos caer. Fue ese momento de verse deslizando cuesta abajo en una montaña grasienta cuando entendí el poder de la naturaleza, y lo que significaba la rendición total a los elementos.

KT: Al final volvemos de nuevo al sexo con el paisaje… Para mí sólo hay dos situaciones en el mundo: las montañas y el mar, lo que hay entre medias me aburre.
BI: Estoy de acuerdo.
KT: Pero me encanta la reflexión que hacías. Ese tipo de reto. Muchas veces pienso, por ejemplo, que si el viento en contra no es muy fuerte debería cerrar el estudio porque se necesitan las fuerzas en contra para llegar a tus objetivos. Si el viento no es suficientemente fuerte, quédate en casa. Si te fijas en donde tenemos nuestras oficinas en Oslo, verás que estamos completamente expuestos al clima. Una nave en la punta más alejada de la ciudad, mirando al sur, directamente al fiordo, a veinte metros de él. Recibes todo el clima: el invierno, la primavera, el otoño, el verano… Además tienes a todos los pescadores delante. Y es la cercanía a estas cosas, como ya hablábamos antes, la que te hace aprender de ellas. Para diseñar algo, debes conocerlo por dentro. Debes meterte bajo la piel de las cosas. El paisaje lo consigue. 
BI: Para acabar con el tema del paisaje. Creo que hay algo que nuestros trabajos comparten, y es la idea de invitación. Te he oído llamarlo generosidad. Es una invitación a algo distinto. En una de nuestras primeras viviendas, las VM Houses, introdujimos unos balcones de 5 metros de ancho. La idea era estar en el vacío, tan lejos como fuese posible. Cuando te pones en la punta sientes que estás en el aire, sólo rodeado por tus vecinos. Esto también se da,  por supuesto, en el proyecto The Mountain y la Eight House donde subes por una pista de esquí. La idea es que cada proyecto permita algo que habitualmente es inaccesible, de forma que no tienes una acumulación de recintos privados, sino un nuevo tipo de paisaje artificial creado por el hombre.
KT: Hablábamos de que la arquitectura debía ser activa. Para mí tiene que ver con las preposiciones: en, sobre, entre… Algo que se pueda relacionar con muchas preposiciones de repente te coloca en una posición activa frente al mundo. Si puedes andar sobre, o bajo algo, si puedes atravesarlo… etcétera, entonces estás cerca del paisaje. Porque el paisaje, y todo nuestro lenguaje se basa en el hecho de que desarrollamos preposiciones para definir nuestra posición ante las cosas. Dónde estamos en relación con otros. Si la arquitectura sólo significase estar ‘dentro’, entonces no estaríamos siendo sujetos activos, porque sólo se define con una preposición. Debe haber un conjunto de preposiciones para que lo seamos. Esta discusión la tuvimos en la Bienal de Venecia; yo no me conformo con la distinción entre dentro y fuera en el debate sobre el espacio público, simplemente porque creo que eso limita la arquitectura y el propio espacio público. Me interesan tus diseños porque veo que tú también buscas crear edificios activos.

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BI: Sin duda. Normalmente diferenciamos cuando hay una necesidad, un «debería tener», o un deseo, un «me gustaría tener». Cuantos más «me gustaría tener» puedas añadir a lo que el cliente o el programa pide, mejor.
KT: Por ejemplo, ahora hay una discusión en las oficinas de urbanismo de Oslo porque no saben cómo representar la Ópera en los planos. ¿Es un edificio?¿Es una plaza? ¿Debe aparecer proyectado o seccionado? No lo saben, y eso es fantástico.
BI: Ese es mi sueño. En los planos urbanos la zona residencial es amarilla, los edificios públicos son rojos, los parques son verdes… y ahora mi obsesión son las zonas grises, las industriales. Es como un tejido canceroso en los mapas. Por eso me interesa saber cómo van a etiquetar nuestra central eléctrica. Debería ser verde, o quizá roja, pero definitivamente no gris. Aunque también es gris…
KT: Estoy de acuerdo. Esta clase de híbridos son los que conoces en el paisaje y la naturaleza. Nunca son una sola cosa. Si no aceptamos la complejidad de los sistemas en los que nos movemos, es imposible que progresemos. No podemos copiar la naturaleza, pero debemos pensar que cuando hacemos un nuevo edificio, no es una naturaleza artificial, sino una nueva realidad. Esta realidad, sin embargo, sí puede aprender cosas de cómo opera la naturaleza, para empezar, de estos aspectos híbridos de los que hablamos. Vuestro trabajo lo hace mucho en cuanto a infraestructuras sociales, donde añadís una función sobre la otra. Es una estrategia fantástica, porque es lo que hace el paisaje. La montaña te da agua, pero también puedes esquiar sobre ella, etc.

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BI: Para mí hay dos tendencias. Una es la centralización extrema. Por ejemplo, compañías globales (Amazon, Walmart…) cada vez tienen centros de distribución más grandes y más centralizados, como si quisiesen conseguir una única nave de distribución para toda América. Pero hay otro proceso, sobre todo en las ciudades, que es la descentralización extrema. Las huertas de las azoteas en Nueva York, por ejemplo. Hay un gran deseo de tenerlas, e incluso hay casi una ideología alrededor de ellas, pero luego la gente está demasiado ocupada para cultivar sus propios tomates. Yo creo que si convences a una gran compañía de que llame a todos estos propietarios para convencerles de que ellos se encarguen de instalar, gestionar, operar y mantener tu cubierta a cambio de un 50% del beneficio que se obtenga, todo el mundo saldría ganando. 
KT: Nosotros estudiamos el tema e incluso calculamos el peso de la tierra y su productividad, más aun cuando coges la tierra de cultivos abandonados, que lleva años curtiéndose y limpiándose. Una capa de 30 centímetros de suelo agrícola está repleta de energía remanente. Desperdiciarla en lugar de utilizarla para la producción de alimentos, es una insensatez.
BI: Estamos reformando una central eléctrica en Vancouver, y además de muchos sistemas sostenibles de energía, hemos incorporado un tipo de cultivo holandés en el que no necesitas tierra. Tienes unos tubos donde las plantas crecen, lo que hace que consuma muchísima menos agua. Además lo pintamos todo de blanco, el suelo, los tubos, todo, de forma que no hay superficies de color que absorban energía o luz y los fotones pueden rebotar libremente. Un concepto de cultivo que no requiere ningún esfuerzo, es muy interesante.
KT: Sí que lo es. Debemos confiar en las tecnologías del futuro, y en su desarrollo. Podrían pasar tantas cosas en el diseño industrial… Es una de las áreas donde siento que hemos hecho mucho y, al mismo tiempo, nada. El diseño industrial en arquitectura, por ejemplo, prácticamente no existe. Estamos intentando producir en cadena pequeños objetos del día a día. Como una lámpara de bolsillo, por ejemplo. La antorcha es un grandísimo invento porque puedes llevar la luz contigo a todas partes. Hay un escritor de ciencia ficción que escribió un libro fascinante que hablaba de vidrios que retenían la luz durante veinte años y, por lo tanto, los paisajes. Eso quiere decir que podrías instalar una vista panorámica en tu casa. No necesitarías televisión, instalarías una vista a las cataratas del Niágara directamente en Nueva York, simplemente a través de la retención de luz. Es ciencia ficción, lo sé, pero es hermoso.

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